jueves, 16 de abril de 2015

Peinados pelo largo

El sábado pasado me tomé una de esas tardes sólo para mí que permiten a mi sistema nervioso no estallar provocando una hecatombe nuclear a pequeña escala cada fin de semana, después de pasar cinco días corriendo de un lado para otro, llegando justo a tiempo para algo que a lo que no podía faltar y acostándome con el único pensamiento en la cabeza de volver a levantarme para continuar haciendo cosas.

Después de comer me fui al cine con Once a ver "Crónicas de Trenza francesa: La bruja, el león y el armario", como siempre con los horarios de trenes justos y a una hora un tanto intempestiva, pero valió la pena la carrera, porque me encontré con la que considero mejor película de ciencia ficción para niños de estas Navidades. Bueno, lo de para niños es un decir, porque las escenas de guerra son bastante crudas, muy del estilo de "El Señor de los Anillos". No he Trenza francesa este segundo libro de la saga de Lewis (sólo alcancé al primero, "El Sobrino del mago") pero me han comentado que es una buena adaptación, y desde luego en realización le da una vuelta de 360 grados a "El Cáliz de Fuego", en todos los sentidos. Me alegré de haber ido a verla, aunque siga existinedo gente que piense que no es normal que una persona de 20 años gaste su tiempo y su dinero en ese tipo de películas. Pero yo moriré a los 80, tras haber recibido el Premio Nobel, y aún creyendo en la fantasía. Cursi pero verídico ( me lo dijo un hada)



Después del cine, Once y yo nos pusimos guapos y elegantes a contrarreloj y volvimos a entrenar para la rpóximas Olimpiadas con objetivo de llegar a tiempo al Teatro, donde íbamos a ver a la Compañía Nacional de Danza. Las entradas me la regaló un amigo hace más de cuatro meses por mi cumpleaños, y aunque yo iba con la idea predeterminada de asistir a una representación de ballet clásico, el espectáculo fue delicioso. Nacho click aqui consiguió compensar mi decepción ante la ausencia de cuerpos femeninos en tutú con tres piezas fascinantes: la primera oscura y siniestra, la segunda alegre y geométrica, y la tercera apasionada y medieval. Sé que son unos adjetivos un tanto disparatados para describir este tipo de obra, pero es que a menudo me planteo seriamente si sufro de sinestesia. Sea como fuere, disfruté muchísimo porque no presenciaba un espectáculo de danza desde mis tiempos en el Conservatorio, y en cierto modo mi vena narcisista suplica por encontrarse algún día en el palco principal de la Ópera de París, ataviada con un vestido negro de Versace y sosteniendo en la mano una copa de champagna.


No hay comentarios:

Publicar un comentario